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La columna de Valentín Tomé. Res publica. El animismo de Casado

Todos lo hemos observado alguna vez. Niños y niñas que, en las etapas tempranas de adquisición del lenguaje, al golpearse con un objeto, por ejemplo, una mesa, dicen aquello de “mesa mala”. Es decir, dotan a ese ente inanimado de una intencionalidad

Fueron los antropólogos en su estudio de las llamadas culturas primitivas los primeros en darse cuenta que sus miembros no distinguían entre materia y espíritu, creyendo que todas las cosas que rodean al ser humano, al tiempo que, dotadas de ciertas cualidades, tenían voluntad o intencionalidad como las personas. A este sistema de creencias lo definieron con el nombre de animismo

genova numero 13 PP

De manera sintética, podríamos decir que es la tendencia a considerar a los objetos del mundo real como seres vivos con pensamientos, deseos e intenciones.

Pues bien, lo mismo que los hombres de culturas primitivas, en el niño se da ese pensamiento animista que le sirve para dar coherencia a sus primeros razonamientos, sus deseos y emociones. En el ámbito gráfico, lo expresa fundamentalmente a través de la representación de elementos de la naturaleza, especialmente en el sol, la luna, las nubes e, incluso, en objetos inanimados como es una casa. 

Dentro de la Psicología evolutiva, fue el psicólogo suizo Jean Piaget el que estudió las concepciones animistas infantiles. Según sus propias palabras: “El niño no distingue el mundo psíquico del físico; si, aún en los comienzos de su evolución, no observa límites precisos entre su yo y el mundo exterior, hay que esperar que considere como vivos y conscientes un gran número de cuerpos que, para nosotros, son inertes”.

Por supuesto no han faltado teorías dentro de la antropología social que vinculan el animismo con el origen de las religiones, pues según apuntan funcionarían como un mecanismo de defensa por parte de la mente que facilita una interpretación del mundo ante todo aquello que se escapa de su conocimiento.

Pablo Casado anunció el martes pasado que el PP abandona Génova, 13. La decisión provocó malestar en algunos presidentes autonómicos, disgustados por haberse enterado a la vez que la prensa en el discurso del líder ante el comité ejecutivo nacional. Los barones consideraban que el golpe de efecto “no es la solución al problema” y “supone asumir que el PP es un partido corrupto”, en vez de que hubo personas que cometieron conductas ilegales.

Sea como fuere lo cierto es que Génova 13 se ha convertido en todo un edificio maldito para los populares. Entre sus paredes circularon sobres con dinero negro de sobresueldos y entregas de donaciones de empresarios que la justicia investiga si pagaron irregularmente las campañas electorales del partido. 

Muchos se preguntan por las razones reales de esa mudanza (nadie sabe a día de hoy donde se situará su nueva sede). Algunos apuntaron razones económicas: las últimas cuentas que hizo públicas el partido, correspondientes al cierre de 2019, mostraban una deuda con la banca de casi 40 millones, de los que 11 millones corresponderían a la propia hipoteca de su sede; si el PP decidiese vender el edificio de Génova 13, podría sanear sus números, liquidar la deuda actual y acometer con tranquilidad la mudanza a un nuevo emplazamiento. El valor del inmueble podría rondar los 50 millones. Otros expusieron que en realidad se trataba de un gesto cargado de simbolismo, donde lo único que pretende el joven líder popular es dar una imagen de ruptura con el pasado corrupto y de renovación del partido.

Mi hipótesis, más arriesgada y especulativa, así lo reconozco, es que el gesto del líder neoliberal conservador se enmarca dentro del animismo. Para intentar defender mi argumento es necesario que echemos un rápido vistazo a su trayectoria política.

En julio de 2018, cuando se postulaba como firme candidato para presidir el partido, durante una entrevista con Pedro Piqueras en Telecinco, afirmó: “Quien aspire a liderar el PP tiene que estar orgulloso del pasado, Fraga, Aznar y Rajoy, de quien he sido portavoz estos años y ha hecho una gestión impecable de la que somos herederos, tanto del Gobierno como del partido”. Para un joven idealista como él, no ha debido ser sencillo encajar el último escrito enviado a la Fiscalía Anticorrupción por el extesorero del partido Luis Bárcenas, aquel que contiene frases tan demoledoras como la que sigue: "desde 1982 existió institucionalizado un sistema de financiación del PP con percepciones en 'b' que se realizaban a través de donativos". Es evidente que una sentencia tan rotunda compromete seriamente toda la arquitectura simbólica con la que el político palentino había reconstruido el pasado de su partido. Todos los héroes del Partenón popular son señalados por Bárcenas como corruptos. Cierto es que siempre habían surgido todo tipo de rumores similares en el pasado, algunos incluso apuntaban al narcotráfico como principal fuente de financiación del PP de Fraga desde sus orígenes, pero resultaba fácil ignorarlos pues nunca habían sido investigados en profundidad, ni mucho menos sentenciados judicialmente. Mas ahora la diferencia es evidente, todas estas acusaciones están siendo juzgadas, y existen indicios racionales para pensar que se aproximan bastante a la categoría de hechos.

Toda esa tensión emocional resulta muy difícil de gestionar, la disonancia cognitiva es extrema; así que en la mente del joven conservador sólo cabía una solución en aras a preservar la salud mental: la culpabilidad debía proyectarse desde aquellos que siempre habían sido sus referentes a la casa que había sido la sede del partido durante casi 40 años. Y esta hipótesis animista no es una simple especulación. Así lo manifestó el propio líder popular de manera implícita cuando afirmó: “No debemos seguir en un edificio cuya reforma (se sospecha que fue pagada con 1,5 millones de euros procedentes de la caja b) se está investigando esta misma semana en los tribunales”. ¡Cabe afirmación más animista! Parece ser que fue el propio edificio, como si de un lugar maldito se tratara, el que empujó a sus moradores hacia la corrupción al pedir ser reformado. Y es el propio inmueble el que está siendo investigado ahora, así que larguémonos de allí, y dejemos a la Justicia actuar libremente.

Tras conocer la decisión de Casado no pude evitar imaginar al joven popular sufriendo en el futuro el mismo sueño que relata en primera persona el personaje de Rebeca al inicio de la maravillosa película de Alfred Hitchcock refiriéndose a la enigmática mansión de Manderlay, el cual podría ser adaptado como sigue: “Anoche soñé que volvía a Génova 13. Estaba ante su puerta. Pero no podía entrar. Génova 13, reservada y silenciosa. El tiempo no había podido desfigurar la perfecta simetría de sus muros. La luz de la luna intentaba jugar con la imaginación. De pronto, me pareció ver luz en las ventanas; pero una nube cubrió de repente la luna, y se detuvo un instante, como una mano sombría escondiendo un rostro. La ilusión se fue con ella, y las luces de las ventanas se extinguieron. Veía un inmueble desolado sin que el menor murmullo del pasado rozara sus imponentes muros. Nunca podremos volver a Génova 13, esto es seguro. Pero algunas veces, en mis sueños, vuelvo allí, a los extraños días de mi vida, que para mí empezaron en la capital de España.”

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