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Francisco Umbral

'El tiempo reversible' reúne en un volumen sus mejores colaboraciones periodísticas.-
 
"Iba yo a comprar el pan", solía escribir Francisco Umbral (1932-2007), y se encontraba con gente en el paro o comerciantes o mujeres trabajadoras o ancianos o jóvenes y contaba lo que les pasaba.
 
 francisco umbral
 
De esta manera, le tomó el pulso a España que plasmaba en las columnas, publicadas en EL PAÍS y en El Mundo. Algunas de las más incisivas y jugosas han sido reunidas ahora en el volumen titulado El tiempo reversible (Círculo de tiza), que se presentó ayer en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.
"Umbral toma Madrid, une el lirismo con la mordacidad, inflama el idioma, profundiza con el adjetivo, dispensa una ironía fuerte para denunciar, anunciar, rematar, alumbrar o desafiar y, de paso, da con la fórmula mágica del articulista: entregarse en un espectacular sacrificio, menesteroso pero libre, abalanzándose a la calle desde el voladizo de la Olivetti", dice en el prólogo el poeta y periodista Antonio Lucas, para quien el Premio Príncipe de Asturias de las Letras de 1996 "vino a desguazar el oficio con toda naturalidad, no como quien presume sino como quien propone una beneficiosa revolución con prisa".
Junto a Lucas participó un grupo de amigos y antiguos compañeros de trabajo del periodista y escritor, como Juan Cruz, adjunto al director de EL PAÍS, Manuel Jabois, periodista de este diario, y Casimiro García-Abadillo, director de El Mundo.
Con Nadiuska en la mente, cuando España le cogió gusto a pecar y "estaba jodida la peseta y agravados los impuestos", Umbral daba rienda suelta a su prosa ácida y ocurrente, salpicada de las negritas que hizo famosas, para narrar en directo "la Santa Transición".
Y se ocupaba de todo. De José Mariano de Larra ("el gran parado de nuestro siglo XIX"); de la dictadura ("Los defectos y las virtudes del dictador multiplicados por cuatro"); de Madrid ("Vallecas es una mula pastando en un cementerio de automóviles"), de la democracia en pañales ("estábamos ahí en el Congreso, o sea en el bar..."); de los escritores y escritoras ("Rosa Montero tiene cara de Mafalda de Cuatro Caminos"); de los libros ("Tu libro está bien, es erótico y lírico, pero no es ereccional"); de los punkies ("Llegan con sus cabezas de plumero"); de Warhol ("Había hecho con el porno duro lo que Cervantes con los libros de caballerías: prolongar el género hasta el disparate y la inercia, catartizándonos, así, moralizándonos"); de Carmen Sevilla ("Lo que le pasaba a Carmen muslos arriba y pechos abajo"); de los jóvenes ("Los jóvenes, que no tienen un duro, tienen nada menos que el tiempo, la posteridad, son la justicia de los siglos, el veredicto del porvenir, y por eso cuando nos cruzamos con un joven por la calle, bajamos la vista: ¿qué pensará este de mí?"); de la televisión ("La televisión nació limpia como todos los espejos, y nos hemos volcado en ella con nuestra ropa sucia, nuestros ligueros viejos, nuestro apetito negro, nuestra halitosis, nuestra fealdad grupal y nuestros orinales de oro y disentería"); y, cómo no, de la movida madrieleña ("La movida fue una cosa transicional, alegre, creativa, más libertina que liberal, llena de incentivos, ideas, iniciativas, modas, nuevas dimensiones y nuevas canciones").
 

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