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El Obejomodorrismo

Esta curiosa enfermedad, descubierta hace dos o tres años, afecta a niños, adolescentes, adultos y ancianos de todas las tendencias sexuales conocidas, de todas las religiones, de todas las ideologías, de todos los colores. Nadie está a salvo del Obejomodorrismo.

Se trata de una dolencia que afecta a las vértebras del cogote – o pescuezo – y a la visión. Se puede distinguir fácilmente por su sintomatología. El cuello caído hacia adelante y los ojos fijos en un aparatejo llamado también teléfono móvil. Es tal el grado contagio que con un paseo por cualquier calle de cualquier lugar del mundo podremos observar a miles de afectados por el conocido como Obejomodorrismo.
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En una enfermedad grave. Puede producir un gran dolor de cabeza ya que, al ir siempre mirando el aparatejo o teléfono móvil, es fácil dar una sonora cornada a una farola o señal de las muchas que pueblan nuestras aceras. También conviene recordar que afecta a la audición. Las bocinas de los coches, los saludos de los paisanos e incluso los "mira por dónde vas cojones", no son percibidos por los que padecen esta rara enfermedad y a los que se conoce como obejomodorros.
No hace distinción social, cultural o económica. Afecta a todos los sectores de la sociedad. Desde el parado al más alto de los ejecutivos deambulan por las calles sufriendo de Obejomodorrismo.
Y aquellos que no padecen esta enfermedad también la sufren, ya que es necesario extremar las precauciones para no chocar frontalmente con algún obejomodorro. Y si la lluvia nos regala su presencia es más grave aún. Al llevar la cabeza inclinada hacia abajo e ir cubriéndose de la lluvia con un paragua, el que no padece esta enfermedad corre el riesgo de perder un ojo con la varilla de algún paraguas.
Dicen los especialistas en la materia, llamados obejomodorrólogos, que tiene cura. Aunque como es lógico, es necesaria la intervención de aquellos que no padecen la enfermedad. Teniendo en cuenta que son fácilmente identificables los afectados por la enfermedad, habría que dotar a los que no la padecen de una bocina de esas que se usan en los campos de fútbol y que son tan molestas, y cuando algún obejomodorro se acercase, cuando está a punto de producirse la temida colisión, hacer sonar la bocina lo más cerca posible de la oreja del obejomodorro. De este modo, y después de haber escuchado al menos cien veces el sonoro bocinazo, la enfermedad irá remitiendo poco a poco hasta desaparecer.
El coste de la bocina sería por cuenta de la Seguridad Social y para adquirirla habrá que presentar la correspondiente recete médica.

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