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La Infanta usó una embajada para negocios privados en Brasil con la empresa familiar
 
INFANTA Y URDANGA
 
La infanta Cristina de Borbón y su marido, Iñaki Urdangarin, recurrieron a la red diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores para hacer negocios privados en Brasil. La hija menor del Rey se reunió en 2007 en Washington con el entonces embajador de España ante la Organización de Estados Americanos (OEA), Juan Manuel Romero de Terreros, y varios directivos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) con el fin de recabar su apoyo para organizar en el gigante suramericano, a través de la empresa familiar Aizoon S. L., varios congresos sobre deporte y turismo calcados a los que el Instituto Nóos ya había montado en Valencia y Palma de Mallorca.
El primer encuentro en Washington se celebró en octubre de 2007, según han revelado a El Confidencial fuentes cercanas al yerno de Don Juan Carlos, por iniciativa de la infanta Cristina. El embajador Romero de Terreros hizo de anfitrión -la sede de la OEA está en la capital estadounidense-, y fue él quien movió los hilos para que los duques de Palma fuesen recibidos, en un primer momento, por un alto directivo del BID, el organismo para la financiación multilateral de América Latina. La Infanta viajó desde España para reunirse en Washington con su marido, que en esa época disfrutaba allí de una beca de la Fundación Eisenhower.
Los duques de Palma expusieron a sus interlocutores la idea de exportar a Brasil los modelos del Valencia Summit y el Illes Balears Fórum, dos congresos sobre la influencia de los grandes eventos deportivos en el desarrollo de las ciudades con los que el Instituto Nóos había obtenido casi seis millones de euros de fondos públicos de la Comunidad Valenciana y Baleares. Pero esta vez la organización de esos foros no recaería sobre el Instituto Nóos -Urdangarin se había desvinculado del mismo, al menos formalmente, un año antes-, sino en Aizoon, la empresa familiar, y la Fundación Areté, una de las sucesoras de la entidad supuestamente altruista.
Según las fuentes consultadas por este diario, aquella primera reunión en Washington contó con el beneplácito de la Casa del Rey, que a través de Carlos García-Revenga, secretario personal de la Infanta y su hermana, Elena de Borbón, hizo las oportunas gestiones para que los duques de Palma fuesen recibidos por el embajador español ante la OEA. Cerrado el grifo de ingresos que les proporcionaba el Instituto Nóos, la infanta Cristina y su marido buscaron nuevos negocios fuera de España. Y se fijaron en Brasil por las grandes oportunidades que ofrecía como futuro organizador de los Juegos Olímpicos y el Mundial de Fútbol.
 

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