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El Tajo se muere

El trasvase y las presiones urbanas e industriales están acabando no sólo con sus aguas, sino también con la diversidad natural que atesora
 
El Tajo está en una situación extrema. La falta de aportaciones por la sequía en sus presas de cabecera y la derivación de caudales al Trasvase Tajo-Segura han hecho que los embalses de Entrepeñas y Buendía, Guadalajara, estén a menos del 10 % de su capacidad
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Pero no todos los problemas del Tajo son el trasvase. El río es víctima de un cúmulo de intereses en distintos puntos de su trascurrir hacia el Mar Atlántico. Es el río más castigado, abandonado y despreciado de los grandes ríos ibéricos. Aunque las presiones que soporta no son muy distintas a las de otras cuencas hidrográficas (desnaturalización de riberas, regulaciones, ausencia de caudales ecológicos, captaciones, vertidos, etc.), las suyas son de tal gravedad que lo convierten en un río amenazado de muerte.
Fue en los 50 cuando la cuenca del Tajo fue gestionada para dar servicio a grandes intereses que lo han convertido en el río que es hoy. Para María Soledad Gallego, abogada e integrante de la Fundación Nueva Cultura del Agua, los que condicionan esta cuenca hidrográfica y el río son "los señores del Tajo", es decir, los usuarios del trasvase Tajo-Segura, los vertidos residuales procedentes de Madrid y la presión de las eléctricas (hidroeléctricas y nucleares).
Según Gallego, "antes el río Tajo era un río". Y "no era de nadie y era de todos. Convivían los usos privativos con el común al que tienen derecho todos los ciudadanos y "eso es posible cuando un río está en buen estado ecológico", explica. Pero "fue en la segunda década del siglo XX, cuando los señores del Tajo pusieron los ojos en él y se lo apropiaron", dice Gallego. Una gestión productivista que "obvia los valores ecológicos, paisajísticos, culturales, y sociales" afirma.
El expolio del agua trasvasada
En 1980 entra en funcionamiento el acueducto del Tajo-Segura. Entonces se derivan las dos terceras partes de las aportaciones de los embalses de cabecera a Murcia, Alicante y Almería. Esta obra de ingeniería se diseñó en la dictadura pensando que a la cabecera del Tajo, una vez satisfechas todas sus demandas internas, le sobraban hasta 1.000 hectómetros cúbicos (Hm3). Que el río tenía una cuenca excedentaria y, por solidaridad regional, esa agua podía llevarse a Levante para contribuir a su desarrollo. Hoy, la realidad pone en evidencia el escaso rigor de esos cálculos, que se hicieron teniendo en cuenta las aportaciones en la cabecera del Tajo en un período muy húmedo.
Nuria Hernández Mora, de la Fundación Nueva Cultura del Agua, responde a las preguntas de esta revista junto al pantano de Entrepeñas, Guadalajara. Allí señala un paisaje desolador. Tierra seca lodo y un enorme espacio vacío donde antes había agua. Agua que se ha trasvasado durante los últimos años. Hernández Mora afirma que las aportaciones medias al Tajo han disminuido un 50 % en su cabecera, si comparamos el período pretrasvase (1958-1980) con los últimos 37 años (1980-2017).
 

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